Un xenomorfo puede resultar perfectamente creíble durante dos horas. También una posesión demoníaca, un viaje en el tiempo o un personaje con poderes imposibles. El espectador sabe que todo eso queda fuera de su realidad y aun así entra en la película, acepta sus reglas y sigue adelante.
La reacción puede ser muy distinta cuando una historia parece desarrollarse dentro de una realidad reconocible y, al resolver su misterio, introduce una posibilidad sobrenatural, fantástica o futurista que ese espectador había dejado fuera de sus hipótesis.
La investigación sobre cómo procesamos las narraciones apunta a una explicación: mientras vemos una película vamos construyendo un modelo de sus reglas, sus causas y las soluciones que consideramos posibles. Un giro puede obligarnos a reconstruir ese modelo. Para algunos espectadores, ahí está buena parte del placer. Para otros, puede ser el momento exacto en el que dejan de creerse la historia.
Vanilla Sky, Luces rojas (Red Lights) y Múltiple permiten observar esa reacción desde perspectivas diferentes. Las tres ofrecen enigmas, pistas y sucesos difíciles de interpretar. Las tres terminan llevando parte de esas preguntas hacia terrenos que algunos espectadores pueden aceptar como la solución natural del puzle y otros recibir como un cambio de las reglas que creían estar siguiendo.
La psicología de la narración ayuda a entender por qué dos personas pueden llegar al mismo giro después de haber visto exactamente las mismas escenas y descubrir que, en realidad, estaban resolviendo películas diferentes.
CON SPOILERS
A partir de aquí se revelan elementos importantes de Vanilla Sky, Luces rojas, Múltiple y Abierto hasta el amanecer.
Suspensión de la incredulidad: por qué creemos cosas imposibles en el cine
La expresión «suspensión de la incredulidad» suele aparecer cuando hablamos de nuestra capacidad para aceptar acontecimientos imposibles dentro de una ficción. Es una primera aproximación útil, aunque la psicología de la narración permite afinar bastante más.
Rick Busselle y Helena Bilandzic distinguen entre la condición ficticia de una historia, su parecido con la realidad exterior y su realismo narrativo, relacionado con la coherencia que percibimos dentro de la propia narración. Su modelo parte de que construimos representaciones mentales de aquello que vemos y vamos integrando personajes, acontecimientos, causas y relaciones. Cuando percibimos determinadas inconsistencias, pueden aparecer dificultades de comprensión o una menor implicación con la historia.
Esto ayuda a entender por qué un extraterrestre no tiene que plantear ningún problema.
Desde muy pronto, Alien establece un mundo en el que esa criatura existe. El Exorcista plantea otro donde una posesión demoníaca entra dentro de las posibilidades de la historia. Ninguna de las dos necesita convencer al espectador de que semejantes acontecimientos puedan producirse al salir del cine. Necesitan conseguir que pueda comprender qué lugar ocupan dentro de aquello que está viendo.
Cuatro experimentos realizados por Erinn K. Walsh, Anne E. Cook y Edward J. O’Brien con narraciones fantásticas escritas llegaron a una conclusión especialmente interesante: los participantes podían procesar acontecimientos imposibles cuando el contexto fantástico los respaldaba, mientras determinadas inconsistencias con las reglas relevantes de ese contexto seguían dificultando la comprensión. El estudio fue publicado en Quarterly Journal of Experimental Psychology.
Una historia fantástica también crea expectativas.
Y el espectador aprende cuáles son mientras la sigue.
Cómo construimos las reglas de una película mientras la vemos
Este proceso adquiere todavía más importancia en las historias organizadas alrededor de un misterio.
Una escena no encaja. Un personaje reacciona de manera extraña. Aparece una contradicción. Una frase aparentemente irrelevante parece esconder algo. Cada detalle puede convertirse en una miguita de pan y alimentar nuevas hipótesis.
Parte del disfrute consiste precisamente en intentar acertar.
Una investigación publicada en Poetics estudió cómo curiosidad, suspense y sorpresa participan en la tensión narrativa. En el experimento, realizado con una narración audiovisual, aparecieron procesos cognitivos como anticipaciones sobre lo que podía suceder, intentos de diagnosticar aquello que todavía no se comprendía y reinterpretaciones retrospectivas tras recibir nueva información. Todo ello formaba parte de la experiencia de entretenimiento.
Por eso una película puede resultar especialmente absorbente mientras todavía no se entiende.
El espectador intenta rellenar huecos y comprobar si sus explicaciones sobreviven a la siguiente escena.
Las expectativas tampoco proceden únicamente de la trama. Valentijn Visch y Ed Tan estudiaron cómo reconocemos los géneros cinematográficos mediante señales relacionadas con los acontecimientos y con la propia forma audiovisual de presentarlos. En su experimento, realizado con fragmentos muy breves, la realización cinematográfica tuvo un papel especialmente importante en el reconocimiento de varios géneros.
La fotografía, la música, el montaje, las situaciones narrativas y todo el aprendizaje acumulado tras años viendo películas ayudan a decidir qué soluciones parecen posibles.
También interviene todo lo que ocurre antes del visionado. Un tráiler, una sinopsis, una clasificación de género o incluso conocer a un director pueden colocar determinadas posibilidades encima de la mesa antes de que aparezca la primera imagen.
Quien intenta llegar a una película sabiendo lo mínimo deja buena parte de ese trabajo en manos de la propia obra. Las reglas se van construyendo durante el visionado.
Ahí empieza el puzle.
Vanilla Sky: cuando cambia la naturaleza del puzle
Vanilla Sky es un caso especialmente útil porque su comportamiento extraño comienza mucho antes de ofrecer una explicación.
David Aames sufre un accidente que le desfigura el rostro. Poco a poco aparecen dudas alrededor de su identidad, sus recuerdos, sus relaciones y la realidad de determinadas situaciones. El espectador sabe que algo falla y recibe continuamente razones para intentar averiguar qué.

Una posible manera de entrar en la película consiste en seguir esas pistas buscando una explicación psicológica, perceptiva, criminal o de cualquier otro tipo que todavía parezca compatible con el mundo que se está observando.
Entonces aparece Life Extension.
David descubre que su cuerpo permanece preservado mediante criogenia y que buena parte de aquello que ha experimentado pertenece a un sueño lúcido. La explicación lleva el misterio hacia un terreno abiertamente relacionado con la ciencia ficción.
Para una parte del público, esa revelación puede ser la pieza que faltaba.
Para otra, puede ser el punto exacto en el que deja de creerse la película.
La segunda reacción tampoco demuestra que Vanilla Sky haya introducido su explicación sin preparación. La narración llevaba mucho tiempo acumulando anomalías que podían reinterpretarse posteriormente.
Roger Ebert volvió a verla precisamente porque quería reconstruir aquello que había visto después de conocer sus revelaciones. Consideraba que la película terminaba adoptando una orientación muy diferente de la que parecía tener al principio y que necesitaba un segundo visionado para analizarla con conocimiento de lo que ocurría.
Ahí aparece una diferencia esencial.
Dos espectadores pueden haber recibido las mismas pistas y haber estado resolviendo puzles diferentes.
Luces rojas: cuando lo paranormal pasa de pregunta a respuesta
Luces rojas plantea ese conflicto de una manera todavía más evidente.
Margaret Matheson y Tom Buckley investigan supuestos fenómenos paranormales y descubren los trucos, manipulaciones y fraudes que existen detrás de ellos. El regreso del célebre psíquico Simon Silver plantea un desafío mucho mayor.
Para quien entra especialmente atraído por ese enfoque, cada acontecimiento aparentemente imposible puede alimentar una pregunta muy concreta:
¿Cómo lo están haciendo?
Lo paranormal forma parte de la película desde el principio, pero durante buena parte del metraje ocupa el lugar del fenómeno que debe investigarse.
Chris French, profesor de psicología y especialista en psicología anomalística, destacó al analizar Luces rojas que el espectador permanece hasta el tramo final sin saber con certeza si todo aquello que observa tiene una explicación fraudulenta. También señalaba que parte del atractivo estaba en intentar descubrir las técnicas utilizadas por los falsos psíquicos antes de que lo hicieran los protagonistas.
La revelación sobre Tom Buckley cambia esa relación.
El personaje interpretado por Cillian Murphy termina confirmándose como alguien que posee realmente capacidades paranormales. Algunos de los acontecimientos extraños anteriores pueden reinterpretarse entonces a partir de él.

El espectador que llevaba toda la película buscando sabotajes, trucos o explicaciones humanas necesita reorganizar lo visto desde una posibilidad que quizá había descartado.
Puede incluso reconocer que existían señales compatibles con esa respuesta y seguir sin encontrarla satisfactoria.
Roger Ebert tuvo una reacción muy próxima a ese problema. Explicó que los dos primeros actos lo habían mantenido completamente atrapado y cuestionó que el desenlace mantuviera, según su interpretación, las mismas reglas con las que había jugado el resto de la película.
Eso convierte Luces rojas en un ejemplo especialmente interesante.
La película había dejado abierta la posibilidad de que existiera algo paranormal.
Parte del público podía haberla descartado mientras intentaba resolver el caso.
Múltiple: las mismas pistas pueden construir películas diferentes
Múltiple lleva esa cuestión a otro extremo.
La Bestia se menciona antes de aparecer. Los personajes hablan de ella y la película permite preguntarse durante un buen tramo qué significa realmente su existencia. Puede entenderse como una nueva identidad, una amenaza, una creencia de los personajes o algo mucho más literal.
Cuando la Bestia finalmente aparece con capacidades físicamente extraordinarias, esa última posibilidad se confirma.
Para determinado espectador, ese momento puede romper el marco desde el que había interpretado todo lo anterior. Aquello que estaba procesando como un thriller desarrollado dentro de una realidad reconocible entra abiertamente en terreno fantástico.
Las mismas pistas pueden producir la reacción contraria.
En una conversación publicada por WIRED tras el estreno, sus redactores debatían precisamente sobre la naturaleza de la Bestia y sobre cómo la película había hablado de ella antes de convertirla en realidad. Para quien había mantenido abierta esa posibilidad, la revelación podía recibirse como el cumplimiento de algo que la historia llevaba preparando.
No hace falta que un espectador haya prestado más atención que otro.
Puede ocurrir que ambos hayan asignado significados diferentes a las mismas señales.
Uno escucha hablar de la Bestia e incorpora una criatura sobrehumana entre las posibilidades del mundo narrativo. Otro interpreta esa información buscando una explicación compatible con el marco realista que cree estar observando.
El giro confirma una hipótesis y obliga a descartar la otra.

Abierto hasta el amanecer: cuando cambiar las reglas es parte del juego
Hay un contraejemplo especialmente útil para evitar una explicación demasiado sencilla.
Si introducir tarde un elemento fantástico provocara por sí mismo esta desconexión, Abierto hasta el amanecer tendría todos los ingredientes para fracasar.
Durante aproximadamente una hora sigue a dos criminales y a una familia secuestrada dentro de una historia de carretera, crimen y rehenes.
Después aparecen los vampiros.
Roger Ebert describió aquella transición como instantánea: una película sobre secuestradores pasa de golpe a convertirse en un espectáculo de vampiros y gore. También advertía que semejante combinación podía provocar respuestas radicalmente distintas entre los espectadores.
Aquí la ruptura forma parte de la identidad de la película.
La brusquedad, por tanto, explica solo una parte del fenómeno.
Importan las expectativas que se han construido, las posibilidades que cada persona había mantenido abiertas y aquello que obtiene a cambio cuando la película obliga a reorganizar todo lo anterior.
Un espectador puede recibir la aparición de los vampiros como la gran sorpresa de Abierto hasta el amanecer. Otro puede lamentar haber perdido la película criminal que estaba disfrutando.
La película proyectada es idéntica.
La experiencia construida hasta ese instante puede ser muy diferente.
Por qué unos giros sorprenden y otros nos sacan de la película
Los grandes giros hacen algo más que sorprender.
También cambian el pasado.
Una frase aparentemente inocente puede convertirse en una pista. Una mirada adquiere otro significado. Una escena que parecía secundaria pasa a resultar fundamental. El espectador reorganiza mentalmente lo que había visto y descubre una película diferente escondida dentro de la primera.
Los investigadores Hidetsugu Komeda y sus colaboradores estudiaron precisamente cómo se experimentaban relatos escritos con finales de giro. Sus experimentos encontraron diferencias entre la primera lectura y las posteriores una vez conocida la revelación, porque el nuevo conocimiento modifica las expectativas y la forma de procesar información que ya estaba presente.
El estudio trabaja con textos y no demuestra cómo debe reaccionar el público ante Vanilla Sky, Luces rojas o Múltiple. Sí ofrece un mecanismo útil para comprender por qué determinados desenlaces despiertan inmediatamente ganas de volver al principio.
El espectador quiere comprobar cómo estaba construido el truco.
En otros casos también puede comprender la explicación, localizar las pistas y reconstruir todo lo anterior, pero descubrir que la nueva película que aparece después del giro le resulta menos convincente que aquella que estaba intentando resolver.
Ahí está probablemente una de las claves.
Vanilla Sky puede llevar un misterio sobre identidad y realidad hacia una explicación de ciencia ficción. Luces rojas convierte la posibilidad paranormal en parte de su respuesta. Múltiple transforma en literal aquello que todavía podía interpretarse de varias maneras.
Ninguno de esos movimientos produce una reacción universal.
Las películas ofrecen señales, posibilidades y reglas. Cada espectador construye hipótesis sobre ellas, muchas veces sin ser consciente de cuánto está descartando por el camino.
Por eso alguien puede aceptar sin esfuerzo un xenomorfo, un demonio o un mundo entero de superhéroes y, unas horas después, rechazar unos poderes paranormales dentro de otra historia.
La diferencia puede estar menos en lo imposible que aparece en pantalla y más en la película que esa persona creía estar viendo justo antes de que apareciera.
Imagen destacada: sala de cine vacía. Foto: Eden, Janine and Jim / Wikimedia Commons (CC BY 2.0).

Deja un comentario