Los cuatro integrantes de SPHERES posan juntos en una fotografía promocional.

SPHERES – Dyson: un metal progresivo de contrastes que no siempre consigue conectar

SPHERES combina metal progresivo, death melódico y una instrumentación rica en Dyson, un tercer álbum cuyos contrastes vocales generan reservas.

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Con Dyson, SPHERES completa una trilogía que comenzó con Iono (2019) y continuó con Helios (2022), cerrando así una etapa en la trayectoria de la formación francesa. Publicado el 16 de octubre de 2026 a través de Art Gates Records, este tercer álbum reúne siete canciones y casi 42 minutos en los que el metal progresivo y el death metal melódico se entrelazan mediante estructuras elaboradas, cambios de intensidad y una constante alternancia entre agresividad y melodía.

Sin embargo, la propuesta va más allá de su apartado estrictamente musical, puesto que las letras exploran cuestiones como la destrucción ambiental, la tecnología, las relaciones humanas y los conflictos personales. Cada composición desarrolla una historia independiente, aunque todas comparten una ambición que también se refleja en el tratamiento instrumental.

Precisamente ahí reside uno de los principales atractivos de Dyson, un trabajo con suficientes recursos como para ofrecer momentos verdaderamente interesantes, pero cuya alternancia de registros vocales termina convirtiéndose en su mayor punto de fricción.

Portada de Dyson, álbum de SPHERES, con una esfera geométrica verde y un reloj de arena sobre un paisaje fantástico.
Portada de «Dyson», tercer álbum de SPHERES (Art Gates Records, 2026). Ilustración: Julien Grelet.

Una producción orgánica que deja espacio a los instrumentos

Uno de los aspectos que más sorprenden de Dyson es su producción, especialmente si se compara con el sonido extremadamente pulido y procesado que caracteriza a buena parte del metal contemporáneo. Aquí, en cambio, las guitarras y el bajo transmiten una sensación de crudeza y naturalidad que aporta personalidad al conjunto, aunque también deja más expuestas determinadas decisiones sonoras.

Esta característica encaja con la filosofía expresada por Jonathan Lino, partidario de conservar una dimensión humana en la música sin perseguir una perfección artificial. El disco, grabado en JL Studio, fue mezclado por Chris Edrich y masterizado por Pierrick Noel, dando forma a una producción que conserva esa impresión orgánica incluso en los pasajes de mayor intensidad.

Y es precisamente bajo esa apariencia menos procesada donde aparece buena parte del trabajo musical de SPHERES. Las líneas de bajo, los patrones de batería y los arreglos de teclados tienen un papel relevante en unas composiciones que cambian constantemente de dirección, pasando de secciones contundentes a otras mucho más atmosféricas sin perder su identidad.

La mayor dificultad aparece cuando entra en juego la voz. Lino alterna registros limpios con screams y guturales, una combinación que permite construir diferentes ambientes, pero cuyo resultado resulta desigual. Mientras las voces extremas se integran especialmente bien con la instrumentación, el timbre y la interpretación de las partes melódicas generan mayores reservas, una sensación que se acentúa cuando adquieren demasiado protagonismo dentro de la mezcla.

Entre la contundencia de «Kemper» y la épica de «We Are Not Alone»

«Underworld» sirve como presentación de buena parte de los recursos que encontraremos durante el álbum. Cuenta con un estribillo pegadizo y algunos pasajes que recuerdan a Gojira, especialmente por la contundencia de las guitarras y el tratamiento de las voces extremas. Aunque las secciones melódicas resultan menos convincentes, la composición consigue establecer una base interesante para lo que viene después.

Y lo siguiente es «Kemper», una canción que incrementa considerablemente la agresividad y cuyo desarrollo instrumental recuerda por momentos a TesseracT. Los cambios de dinámica, acompañados por una sección rítmica especialmente contundente, convierten el tema en uno de los más atractivos del disco.

Por desgracia, también es donde se hace más evidente el problema con las voces limpias, que en determinados pasajes parecen situarse demasiado por delante de los instrumentos. La diferencia resulta llamativa cuando aparecen los screams, ya que el conjunto recupera una cohesión sonora mucho más satisfactoria y permite apreciar mejor la fuerza de la composición.

En cambio, «We Are Not Alone» demuestra que la vertiente melódica de SPHERES puede ofrecer resultados muy diferentes. Su orientación progresiva, acompañada por unos teclados que amplían considerablemente la atmósfera, acerca el tema a terrenos más sinfónicos, mientras que su desarrollo va ganando intensidad hasta alcanzar momentos de notable carácter épico.

Las voces limpias encuentran aquí un contexto mucho más apropiado y, por primera vez, dejan de convertirse en un obstáculo tan importante. El resultado es una canción que consigue equilibrar sus distintas facetas y que figura entre los momentos más satisfactorios de Dyson.

Una experimentación que también provoca desconexión

Después de ese crecimiento musical, «Drive Me To The Dawn» apuesta por un planteamiento diferente, apoyándose en nuevos cambios de intensidad y en la interacción entre batería y teclados. Aunque su instrumentación contiene elementos interesantes, el desarrollo de la canción resulta menos convincente y no termina de mantener la conexión conseguida por los temas anteriores.

Esa distancia se acentúa con «I Like To Comment», posiblemente una de las composiciones más desconcertantes del álbum. Su letra aborda la hostilidad en las redes sociales y la facilidad con la que se emiten juicios sobre otras personas, una temática que encaja con las preocupaciones sociales presentes en el trabajo de SPHERES.

Sin embargo, la decisión de construir un estribillo repetitivo que recuerda inevitablemente a «I Like to Move It» termina jugando en contra de la canción. La referencia podría funcionar como un recurso desenfadado o participativo durante un concierto, pero dentro del álbum resulta innecesaria y rompe con la atmósfera que venía construyéndose.

Con «Shadows Of Despair», el grupo recupera una orientación más extensa y atmosférica, recurriendo además al mito de Orfeo y Eurídice como inspiración para su letra. La composición combina desarrollos instrumentales, teclados y cambios de intensidad que ponen de manifiesto su ambición, aunque llega en un momento complicado.

Las reservas acumuladas sobre las voces limpias y la menor conexión con las canciones anteriores empiezan a pasar factura. De este modo, aunque el trabajo instrumental sigue ofreciendo elementos de interés, el disco comienza a acusar cierto desgaste y cuesta mantener la atención durante todo el recorrido.

«Virtual Prison», el mejor cierre posible

Por fortuna, «Virtual Prison» consigue recuperar buena parte del interés perdido. Sus ocho minutos reúnen algunas de las principales virtudes de SPHERES mediante una combinación de riffs contundentes, desarrollos melódicos y cambios de intensidad que funcionan especialmente bien.

Se trata, además, de una de las composiciones más accesibles del álbum, algo que favorece la conexión con su planteamiento desde los primeros compases. A medida que avanza, la canción introduce diferentes matices y alcanza uno de sus mejores momentos en una sección lenta que destaca por su tratamiento melódico.

La letra, centrada en una realidad artificial y en los vínculos humanos, también conecta con las preocupaciones tecnológicas que atraviesan parte del universo conceptual del grupo.

Es cierto que las voces limpias vuelven a generar algunas reservas, pero esta vez la fuerza de la instrumentación consigue imponerse. Gracias a ello, «Virtual Prison» termina convirtiéndose en la canción más destacada de Dyson y proporciona un cierre que permite recuperar algunas de las mejores sensaciones del álbum.

Un disco con buenas ideas que deja sensaciones encontradas

Dyson deja claro que SPHERES cuenta con una propuesta artística definida y con recursos musicales suficientes para desarrollar composiciones de considerable complejidad. La interacción entre los instrumentos, los cambios rítmicos y la combinación de agresividad con pasajes atmosféricos aportan profundidad a un repertorio en el que «Kemper», «We Are Not Alone» y «Virtual Prison» sobresalen especialmente.

También merece reconocimiento la variedad de planteamientos, puesto que las canciones mantienen una identidad compartida sin recurrir constantemente a las mismas estructuras. Incluso en aquellas que resultan menos convincentes aparecen arreglos y desarrollos que permiten apreciar el trabajo realizado por la formación francesa.

El problema es que buena parte de esas virtudes termina quedando condicionada por el apartado vocal. Las voces limpias generan demasiadas reservas por su timbre, interpretación y presencia en determinados pasajes, mientras que los registros extremos ofrecen resultados bastante más satisfactorios. Esa diferencia afecta a la cohesión de varias canciones y acaba dificultando la conexión con un trabajo que, instrumentalmente, tiene mucho que ofrecer.

Por ello, Dyson termina dejando una impresión irregular, con momentos musicales atractivos que conviven con decisiones menos acertadas. SPHERES demuestra personalidad y capacidad para construir composiciones elaboradas, aunque el resultado no consigue aprovechar plenamente sus cualidades.

Un álbum con virtudes reconocibles y una propuesta que merece respeto, pero cuyo apartado vocal acaba pesando demasiado sobre el conjunto.

Imagen de cabecera: fotografía promocional facilitada por Art Gates Records.

Álbum y materiales de prensa facilitados por Art Gates Records. La valoración editorial es independiente.

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