Los tráilers de Digger decían bastante poco sobre la película y ya habían empezado a aparecer algunas críticas especialmente duras, así que quizá lo mejor era entrar al cine intentando llegar lo menos condicionado posible. Había mucha curiosidad por comprobar hasta dónde iba a llevar Tom Cruise una transformación que había protagonizado buena parte de la promoción, pero resultaba muy difícil imaginar qué clase de película había construido Alejandro G. Iñárritu alrededor de ella.
La verdad es que Digger sorprende gratamente porque se parece muy poco a lo que podía esperarse. Es extraña, exagerada, arriesgada y tiene muchísima personalidad, con un humor absurdo que funciona especialmente bien, un Tom Cruise espectacular y una puesta en escena que deja claro desde el principio que Iñárritu tampoco pretendía hacer algo discreto. Por poner una pega importante, sus secciones más dramáticas no siempre encajan con la misma naturalidad y en algunos momentos frenan en seco un ritmo que encuentra sus mejores momentos cuando abraza el disparate.
Tiene irregularidades claras, pero deja una impresión muy positiva. También hay suficientes ideas, detalles y decisiones particulares como para que, una vez terminada, apetezca volver a ella y comprobar cuánto había delante de los ojos durante un primer visionado en el que todavía se estaba intentando entender qué demonios estaba haciendo.
Digger es muy distinta de la película que parecía
Una de las primeras cosas que llaman la atención es que hay elementos de Digger deliberadamente extraños. Algunas decisiones visuales resultan incluso toscas o poco cuidadas y hay momentos en los que cuesta saber si algo está hecho así conscientemente o si sencillamente no ha terminado de funcionar. Conforme avanza la historia, muchas de esas dudas empiezan a encontrar respuesta y decisiones que inicialmente podían parecer excesivas o directamente raras adquieren bastante más sentido.
Conviene no explicar demasiado porque una parte importante de la experiencia está precisamente en descubrir poco a poco qué quiere hacer Iñárritu. La película juega continuamente con las expectativas y obliga a reconsiderar algunas primeras impresiones, algo que termina ayudando a entender mejor varias de las rarezas que ha ido dejando por el camino.
Detrás de toda esa exageración hay una sátira bastante clara sobre el poder de las grandes fortunas, la política, la crisis medioambiental, la ineptitud de quienes deben tomar decisiones y la capacidad de determinadas personas para influir en asuntos que afectan a millones mientras siguen preocupadas fundamentalmente por ellas mismas. La idea de fondo no es especialmente novedosa: no es la primera sátira que habla de empresarios sin escrúpulos, gobernantes inútiles o una sociedad incapaz de reaccionar ante problemas enormes, ni será la última.
Quizá ahí aparezca una de las debilidades del guion. Digger es bastante más original en la manera de desarrollar esas ideas que en las ideas propiamente dichas y, por momentos, da la impresión de que Cruise e Iñárritu tienen tanto que ofrecer por sí mismos que el texto queda algo por debajo. Aun así, hay personajes muy distintos, situaciones inesperadas y una crítica reconocible hacia un mundo en el que quienes toman algunas de las decisiones más importantes no siempre parecen las personas más capacitadas para hacerlo.
También hay espacio para jugar con la manera en la que construimos e interpretamos aquello que vemos. Digger introduce ideas relacionadas con la representación, los relatos y la facilidad con la que una misma realidad puede adquirir significados distintos dependiendo de cómo se presente. Es una de esas capas que ganan interés después de terminar la película y que aportan algo más que el discurso inmediato sobre dinero y poder.
Las prótesis son solo el principio del trabajo de Tom Cruise
La transformación física de Tom Cruise es imposible de ignorar. Prótesis, maquillaje y caracterización hacen que visualmente pueda resultar muy difícil reconocerlo, pero reducir su interpretación a eso sería quedarse con la parte más evidente. Cruise cambia la voz, la forma de hablar, los gestos, la mirada y la manera de moverse, con pequeños tics en las manos o en los labios que ayudan a ver a un hombre de bastante más edad y otros movimientos deliberadamente exagerados que encajan con alguien tan extremo como Digger Rockwell.
Muy pocas veces aparece Cruise por debajo de todo eso. Quien haya visto mucho al actor podrá reconocer ocasionalmente una expresión, un gesto o determinado movimiento y pensar durante un segundo que ahí está otra vez, pero son instantes concretos que nunca llegan a romper el personaje. Digger tiene entidad propia y casi siempre termina imponiéndose.
También es un personaje tremendamente agradecido para un actor. Es excéntrico, vulgar, egocéntrico, desagradable, exagerado, por momentos lúcido y por momentos un auténtico bufón. Puede resultar aberrante por su falta de empatía y, aun así, terminar cayendo bien gracias a la cantidad de absurdeces que va encadenando. La exageración es fundamental para construirlo, pero la interpretación no depende únicamente de ella, porque también hay momentos bastante más contenidos en los que Cruise baja el volumen y deja aparecer otras facetas.
Cruise ha explicado que considera a Digger el personaje más difícil que ha interpretado porque ha tenido que reunir herramientas relacionadas con el ritmo, el lenguaje, los tiempos y muchas de las capacidades adquiridas durante su carrera. Viendo el resultado se entiende bastante bien lo que quiere decir: el reto no consiste simplemente en ponerse maquillaje y resultar irreconocible, sino en sostener muchas decisiones interpretativas diferentes al mismo tiempo sin perder nunca a Digger.
Hay un monólogo especialmente largo que concentra buena parte de ese trabajo. La escena podría hacerse eterna y ocurre todo lo contrario, porque Cruise cambia de tono y utiliza el cuerpo, los gestos, los silencios y el ritmo del diálogo de tal forma que el tiempo pasa sorprendentemente rápido. Es uno de los momentos en los que queda más claro que detrás de toda la caracterización hay bastante más trabajo que ponerse unas prótesis y comportarse de manera excéntrica.
Eso tampoco obliga a colocar Digger automáticamente entre las mejores interpretaciones de Cruise. Probablemente no esté al nivel de Magnolia o Jerry Maguire si se buscan sus trabajos dramáticos más destacados, pero sí puede terminar siendo una de sus actuaciones más recordadas por lo diferente que resulta respecto a buena parte de su filmografía. Esa diferencia se entiende todavía mejor al recorrer la trayectoria interpretativa de Tom Cruise y comprobar hasta qué punto su carrera siempre ha sido más amplia que una sola clase de personaje.
Un niño al que le salen los billetes por las orejas
Digger Rockwell funciona además porque prácticamente todo lo que tiene alrededor parece una prolongación de él mismo. Su casa está llena de excesos, objetos, animales y demostraciones de opulencia; casi da la impresión de que importa menos la utilidad de las cosas que el simple hecho de poder tenerlas y enseñarlas. En algunos momentos parece un niño pequeño al que le salen los billetes por las orejas.
Tiene rabietas, grita, se comporta de forma ridícula y siempre encuentra una respuesta, una excusa o un nuevo motivo para intentar que quienes le rodean sigan creyendo en él incluso cuando está contra las cuerdas. Ese humor absurdo le sienta especialmente bien a Digger, porque hay escenas que llevan el comportamiento de los personajes tan lejos que la gracia surge precisamente de preguntarse hasta dónde pretende continuar el disparate.
Por extraño que pueda parecer, pocas veces llega a cansar mientras se mueve en ese terreno. El problema es que detrás de esos comportamientos hay una realidad bastante menos divertida: se exagera el poder de las grandes fortunas sobre decisiones que, en teoría, deberían corresponder a los gobernantes, y estos tampoco salen precisamente bien parados. Algunos parecen simples bufones dispuestos a obedecer por interés; otros ni siquiera necesitan una motivación tan compleja porque basta con la incompetencia.
Ahí la sátira encuentra algunos de sus mejores momentos. No porque esté diciendo algo que nadie haya dicho antes, sino porque consigue hacer muy graciosas situaciones cuyo equivalente fuera de la pantalla tendría bastante menos gracia. La distancia entre el disparate de Digger y determinadas situaciones reales no siempre parece tan enorme como debería, y eso permite que el humor tenga algo más detrás que una sucesión de chistes.
Iñárritu tampoco quiere pasar desapercibido
Desde los primeros minutos hay planos, movimientos de cámara y composiciones que llaman muchísimo la atención. La fotografía de Emmanuel Lubezki y el rodaje íntegro en VistaVision dan a Digger un aspecto muy particular, con grandes espacios, deformaciones, encuadres poco convencionales y decisiones que trasladan a la propia imagen parte del carácter absurdo del protagonista.
En algunos momentos Iñárritu interviene demasiado y su presencia se nota tanto que resulta inevitable preguntarse si determinadas decisiones eran realmente necesarias. Hay planos que parecen pensados para recordar constantemente quién está detrás de la cámara, aunque conforme avanza la historia varias de esas elecciones empiezan a encajar bastante mejor con todo lo demás.
A eso se suma un uso del color que merece atención. Hay muchos grises, marrones, burdeos y tonos apagados, mientras que los espacios y los objetos ayudan a explicar al personaje sin necesidad de verbalizar constantemente quién es. La acumulación que lo rodea, el exceso y determinados contrastes parecen estar ahí precisamente para hablar de Digger y del mundo que ha construido.
La música también aporta bastante. Hay un tema recurrente especialmente pegadizo y el sonido participa varias veces directamente del humor, exagerando ruidos que en otro contexto pasarían completamente desapercibidos. Incluso los créditos mantienen ese juego. Puede discutirse si todas las decisiones visuales y sonoras funcionan igual de bien, pero resulta difícil negar que Iñárritu tiene muy claro qué clase de imagen quiere construir alrededor de Digger.
Cuando llega el drama, el ritmo sufre
Las secuencias de humor tienen muchísimo ritmo. Cruise va soltando una perla detrás de otra, John Goodman entiende perfectamente el tono y Riz Ahmed aporta un contraste que hace que el caos sea todavía más efectivo. En esos momentos Digger avanza con mucha facilidad y parece haber encontrado exactamente el terreno en el que quiere estar.
El problema llega cuando cambia hacia un registro más dramático. Esos pasajes son necesarios para desarrollar la historia, dar más recorrido a los personajes y permitir que algunas ideas tengan algo más de profundidad, pero algunas transiciones son demasiado bruscas y determinadas secciones dramáticas se hacen más largas de lo que realmente dura su metraje.
Es fácil notar el corte porque el humor estaba funcionando especialmente bien. A medida que avanza la película, la parte dramática gana presencia y las diferencias de tono se hacen más evidentes. Este es probablemente el aspecto que menos convence: la mezcla de registros forma parte de la propuesta y eliminarla sería cargarse buena parte de lo que pretende hacer, pero había margen para unir mejor ambos extremos y evitar que algunas transiciones diesen la impresión de pertenecer casi a películas distintas.
Aun así, esa mezcla tampoco provoca una desconexión con el conjunto. Muchas de las rarezas que se han ido acumulando terminan encontrando un lugar dentro de lo que propone la película, hasta el punto de que varias decisiones inicialmente difíciles de entender se ven de otra forma una vez terminado el visionado. Precisamente por eso apetece volver a verla.

John Goodman y Riz Ahmed entienden el juego
Tom Cruise acapara inevitablemente mucha atención, pero sería bastante injusto reducir el reparto a lo que hace él. John Goodman es probablemente el acompañante perfecto para Digger Rockwell: su personaje puede llegar a ser tan exagerado, excéntrico e incluso idiota como el propio protagonista, y precisamente por eso funcionan tan bien juntos. Goodman entiende hasta dónde debe llevar el disparate y consigue hacerlo sin quedar reducido a un comparsa encargado de darle la réplica a Cruise.
Riz Ahmed juega desde otro lugar. Durante buena parte del metraje parece representar cierto punto de cordura dentro de todo lo que ocurre a su alrededor, pero también tiene margen para moverse hacia registros mucho más absurdos cuando la situación lo exige. El resto del reparto mantiene el nivel y entiende una regla bastante complicada: interpretar personajes tremendamente exagerados sin comportarse como si estuvieran haciendo una parodia barata.
Ese equilibrio es importante porque Digger necesita que todos crean en su propio universo aunque lo que esté ocurriendo pueda ser completamente ridículo. Si los secundarios no siguieran el juego, buena parte de la construcción alrededor de Cruise se vendría abajo. Por suerte, prácticamente todos están a la altura.
Parte de la gracia está en no saber hacia dónde va
Una película como Digger probablemente tendrá bastante difícil encontrar términos medios. El humor absurdo no gusta a todo el mundo, la mezcla de géneros puede desconcertar y los cambios de tono exigen cierta paciencia. Quien no conecte durante la primera parte posiblemente tenga todavía más problemas cuando empiece a desarrollar el resto de sus ideas.
Pero sería una pena entrar esperando que confirme una opinión ya fabricada de antemano. Uno de los mayores atractivos de Digger está precisamente en no ser la película que parecía que iba a ser, algo que por sí mismo no debería convertirse en un defecto. Hay historias que necesitan que el espectador acepte durante un rato no tener totalmente claro hacia dónde van y esta es una de ellas.
Por eso también ayuda llegar sabiendo lo mínimo posible. No porque todo dependa de un único secreto, sino porque parte de la experiencia consiste en ir entendiendo sus reglas y comprobar cómo algunas cosas que parecían extrañas adquieren más sentido después.
Cuando termina ocurre además algo que dice bastante a su favor: apetece volver a verla. No porque un primer visionado sea insuficiente para tener una opinión, sino porque conocer ya la propuesta permitiría fijarse mejor en gestos, decorados, decisiones de cámara, interpretaciones y pequeños detalles que durante la primera vez compiten inevitablemente con la sorpresa. Un segundo visionado perdería parte del impacto inicial, pero también podría hacer crecer otras cosas.
Digger merece una oportunidad
Interesante es probablemente una de las palabras que mejor define a Digger. Es una película muy buena, muy original y con muchísima personalidad, aunque eso no significa que todo le salga bien. Su sátira funciona mejor por la manera de representar sus ideas que por la originalidad de esas ideas, Iñárritu lleva algunas decisiones visuales demasiado lejos y las secciones dramáticas pueden cortar en seco un ritmo que durante los momentos de humor resulta excelente. Son defectos suficientemente claros como para tenerlos en cuenta, pero no terminan imponiéndose sobre todo lo que sí ofrece.
Tom Cruise construye uno de los personajes más peculiares de su carrera y consigue que las prótesis sean rápidamente lo menos interesante de su interpretación. John Goodman está espectacular como complemento, Riz Ahmed funciona muy bien desde un registro diferente y el resto del reparto entiende perfectamente el tono. Visualmente hay muchísimo trabajo, el humor absurdo encaja con la propuesta y detrás de tanta exageración existe una crítica hacia el poder, la incompetencia y nuestra manera de interpretar la realidad que deja más poso del que puede parecer mientras uno se está riendo.
También tiene algo que resulta fácil agradecer: es difícil anticipar por dónde va a salir. Puede desconcertar, puede resultar excesiva y habrá espectadores a los que su humor les expulse muy pronto, pero quien conecte con esa forma de entender el absurdo encontrará una película con bastantes cosas que rascar y que merece ser valorada después de haber recorrido todo su camino.
Quizá no sea la mejor película del mundo, ni falta que hace. Lo importante es que termina, pasan los minutos y todavía sigue dando vueltas por la cabeza. Y entre tantas películas que se olvidan casi en cuanto aparecen los créditos, Digger merece al menos que se le dé una oportunidad.

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