Cuando un actor me gusta mucho, normalmente termino sintiendo curiosidad por la persona que hay detrás. Me interesa saber cómo piensa, cómo habla cuando no está interpretando, qué considera importante o por qué toma determinadas decisiones. Con Matthew McConaughey me ha pasado especialmente.
Empecé a buscar entrevistas, conversaciones y apariciones suyas fuera del cine y descubrí una faceta que terminó interesándome tanto como su trabajo como actor. Me gusta la forma en la que parece mantenerse fiel a aquello que considera importante, cómo habla de su familia, de las dificultades o de la necesidad de seguir creciendo sin transmitir la impresión de estar recitando una colección de frases bonitas.
También tiene una manera muy particular de expresarse. Su voz, el ritmo con el que habla, las pausas, el humor y determinadas expresiones consiguen que muchas ideas resulten inmediatamente reconocibles como suyas. En su caso importa mucho lo que cuenta, pero también cómo lo cuenta.
Por eso me interesa Poems & Prayers, el libro de poemas, oraciones y reflexiones personales que Matthew McConaughey publicó con Crown en septiembre de 2025. Me ofrece una oportunidad distinta de acercarme a él: ya no a través de un personaje, una película o una entrevista sobre su último trabajo, sino mediante textos en los que escribe directamente sobre aquello que piensa, duda, teme o cree.
Y precisamente ahí está lo que más me atrae. No espero encontrar a alguien que tenga todas las respuestas ni necesito estar de acuerdo con él para querer escucharle.
No necesito pensar como él para querer saber cómo piensa.
Qué me interesa de Matthew McConaughey cuando deja de interpretar
Hay algo de su manera de afrontar la vida con lo que conecto bastante. Me transmite la imagen de una persona constante, que intenta enfrentarse a los problemas de cara y que tiene bastante claro qué cosas considera importantes.
Esa forma de hablar de las dificultades me llega especialmente porque conecta con mi propia manera de afrontarlas. Cuando aparece un obstáculo, mi reacción suele ser intentar atravesarlo. Puedo pasarlo mal, dudar o necesitar tiempo, pero rendirme de entrada no suele ser una opción.
McConaughey transmite mucho esa idea de seguir avanzando, aunque tampoco me parece alguien que necesite convertir cada reflexión en algo solemne. Tiene muchísimo humor, sabe reírse y puede pasar con bastante naturalidad de una cuestión profunda a una expresión completamente inesperada.
Esa mezcla me gusta.
Cuando recogió el Oscar por Dallas Buyers Club, explicó que su héroe siempre era la versión de sí mismo que estaría diez años por delante. Por mucho que avanzara, siempre tendría a alguien a quien continuar persiguiendo. Esa idea encaja bastante con la imagen que he ido formando de él: la de una persona que puede estar satisfecha con muchas cosas de su vida y, aun así, seguir preguntándose qué puede hacer mejor.
No se toma a sí mismo demasiado en serio, pero sí se toma muy en serio en quién quiere convertirse.
Cuanto más le he escuchado fuera de sus películas, más me ha interesado precisamente esa parte.
Poems & Prayers y una vida escribiéndose a sí mismo
Que McConaughey haya terminado publicando poemas y oraciones no me resulta extraño.

Lleva décadas escribiendo diarios, pensamientos y reflexiones. Conserva diarios desde los quince años y ha contado cómo ha ido registrando en ellos experiencias vividas desde Texas hasta Australia, Mali o Perú.
También empezó a escribir poesía de una manera más seria durante la etapa que pasó en Australia cuando era joven, un periodo en el que estuvo especialmente solo y tuvo que mirar mucho más hacia dentro.
Los materiales de presentación de Crown refuerzan además la idea de que el libro no nace de un único momento. Entre sus textos aparecen recuerdos y reflexiones vinculados a sus viajes, a los años recorridos en su Airstream, a la familia, al estrés, a la fe y a las dudas, junto a influencias que van desde los proverbios hasta el Antiguo Testamento.
La propia organización del libro apunta en esa dirección: entre los temas que Crown destaca aparecen el amor, la fe y la duda, la compasión, el perdón y la gratitud.
Además, Crown ampliará el libro el 17 de noviembre de 2026 con Poems & Prayers: Deluxe Edition, una edición de 224 páginas —frente a las 208 de la original— que incorpora un capítulo nuevo de poemas y oraciones. No es, por tanto, solo una reedición con una presentación más cuidada: junto a la cubierta con foil, los cantos dorados, las guardas diseñadas y el marcador de cinta, añade material nuevo al volumen que McConaughey publicó en 2025.
Todo eso hace que Poems & Prayers me parezca menos una ocurrencia inesperada y más una continuación de algo que lleva haciendo desde hace muchísimo tiempo.
La propia combinación del título me resulta interesante. Los poemas apuntan hacia una parte creativa y emocional; las oraciones llevan inevitablemente hacia su espiritualidad y su relación con la fe. En ambos casos aparece una misma necesidad de poner por escrito aquello que piensa o intenta comprender.
Da la sensación de que lleva muchos años escribiéndose a sí mismo.
Como si todos esos diarios, notas, poemas y pensamientos fueran pequeñas fotografías de quién era en diferentes momentos. Puede volver a ellos y encontrarse con una versión anterior de sí mismo, comprobar qué ha cambiado y descubrir qué preguntas continúan allí.
Eso es parte de lo que espero encontrar en Poems & Prayers.
Tampoco creo que leer algo tan personal permita conocer completamente a una persona. McConaughey enseñará aquello que haya decidido enseñar y guardará otras cosas para sí mismo, como haríamos cualquiera.
Me interesa algo bastante más sencillo: acercarme un poco más a qué le preocupa, qué le emociona, qué valores considera importantes, qué contradicciones reconoce y cómo intenta entender determinadas partes de su vida.
No espero conocerle del todo, pero sí conocer algo más de cómo ve el mundo cuando escribe desde sí mismo.
No necesito compartir su fe para que me interese cómo piensa
Aquí aparece probablemente la distancia más clara entre McConaughey y yo.
Él habla abiertamente de Dios y de su fe. Yo no la vivo de esa manera y no comparto esa creencia.
Eso no hace que esa parte de él me interese menos.
Me gusta escuchar cómo otra persona llega a una idea aunque yo termine llegando a un lugar distinto. Tener muy clara mi posición tampoco significa que no pueda encontrar algo interesante en la forma en que otra persona construye la suya.
McConaughey ha explicado que una de las razones que acabaron llevando a Poems & Prayers fue descubrir en sí mismo un cinismo que no le gustaba. Miraba el mundo y aquello que ocurría a su alrededor y encontraba cada vez menos motivos para creer.
En los materiales oficiales de Crown lo plantea desde otra perspectiva que encaja especialmente bien con esa búsqueda: cuenta que durante buena parte de su vida ha intentado llegar a lo espiritual a través de la lógica y de encontrar explicaciones, pero que últimamente incluso saber qué creer se le ha hecho más difícil. Aun así, insiste en que no quiere renunciar a creer en la humanidad, en los demás, en sí mismo y en aquello que podemos llegar a ser.
Puedo entender perfectamente esa necesidad aunque mi respuesta sea distinta.
Yo no necesito llevarla hacia Dios. Puedo relacionarla con creer en determinados valores, en las personas que quiero, en mí misma o simplemente en que las cosas pueden mejorar.
El propio McConaughey tampoco limita esa idea de creer a la religión. Cuando habla del libro incluye también creer en uno mismo, en los hijos, en el futuro o en aquello que cada persona considere importante.
Ahí encuentro un punto de encuentro mucho más interesante.
No necesito compartir su fe para que me interese su manera de pensar.
Incluso una oración puede significar cosas distintas dependiendo de quién la lea. Para una persona será una expresión religiosa. Para otra puede servir para parar, ordenar lo que lleva dentro, agradecer algo, buscar consuelo o intentar entender una situación.
Yo probablemente la recibiría desde ese segundo lugar.
Esa diferencia entre creer, necesitar creer y preguntarse por qué necesitamos determinadas respuestas es algo que también me interesó al escribir sobre Luces rojas, aunque allí partía de un lugar muy distinto.
Y eso no me parece un problema para acercarme al libro. Más bien forma parte de aquello que quiero descubrir.
Me interesan más las preguntas que las respuestas
Quizá porque existe esa distancia entre algunas de nuestras ideas, tampoco espero encontrar en McConaughey respuestas que deba hacer mías.
Me interesan mucho más las preguntas.
Una respuesta puede servirte o puede no hacerlo. Una buena pregunta puede acompañarte durante bastante más tiempo. Puede hacer que revises algo que dabas por hecho, obligarte a pensar por qué defiendes determinada idea o llevarte hacia una conclusión completamente diferente a la de la persona que la planteó.
Eso me resulta mucho más atractivo que leer a alguien esperando que me explique cómo tengo que entender la vida.
También conecta con otra cosa que valoro: admitir contradicciones.
Tener unos valores claros no impide dudar, cambiar de perspectiva o aceptar que una misma situación admite diferentes lecturas. De hecho, me parece bastante más humano que intentar presentar una coherencia perfecta en todo momento.
McConaughey me transmite parte de eso. Tiene ideas que expresa con muchísima seguridad, pero continúa haciéndose preguntas.
Y escribir le permite hacerlo de una manera diferente a la interpretación.
No porque como actor tenga ninguna dificultad para transmitir emociones o ideas —me parece extraordinario precisamente por todo lo contrario—, sino porque cuando escribe está hablando desde él mismo. No existe un personaje entre medias ni está utilizando las palabras de otra persona.
Puede dejar por escrito lo que piensa en un momento concreto y regresar a ello años después. Casi como conservar una fotografía de aquello que estaba ocurriendo dentro de su cabeza.
Conocer esa faceta tampoco hace que empiece a buscar constantemente a McConaughey dentro de sus personajes. Intento separar bastante ambas cosas.
Quizá pueda encontrar alguna pequeña resonancia en Rust Cohle, de True Detective, por esa tendencia a analizar la existencia y darle vueltas a lo que significa estar vivo. Pero las formas de entender la vida del personaje y del actor son muy diferentes, y precisamente por eso no necesito identificar a uno con otro.
Como actor me encanta. La persona que percibo cuando habla o escribe, sin embargo, también me despierta muchísima curiosidad. Hay aspectos de esa forma de enfrentarse a los problemas, cuestionarse y seguir intentando crecer que conectan conmigo por cosas que yo misma he vivido.
Eso hace que quiera mirar un poco más allá de la pantalla.
Leer Poems & Prayers escuchando su propia voz
Hay otra parte del libro que me atrae especialmente: McConaughey narra él mismo el audiolibro.
Yo tengo Poems & Prayers en inglés y quiero acompañar la lectura escuchándole.
Su voz forma parte de aquello que me hizo interesarme por él fuera del cine. Me gusta muchísimo cómo habla, la cadencia que tiene, sus pausas y la manera en la que utiliza el humor o cambia la intención de una frase. Escucharle me resulta además muy relajante.
Por eso, leer sus palabras mientras le escucho pronunciarlas me parece una forma especialmente interesante de acercarme al libro.
Una frase escrita puede producir una impresión y adquirir otra ligeramente diferente cuando sabes dónde hace una pausa, qué palabra enfatiza o con qué intención la pronuncia. En alguien con una manera de hablar tan reconocible como la de McConaughey, esa diferencia me parece especialmente importante.
Para mí tiene algo especial. Es como pura magia oírle.
También espero que Poems & Prayers sea uno de esos libros a los que puedas regresar dependiendo de cómo te encuentre la vida en un momento determinado.
Un poema o una reflexión pueden decirte algo ahora y provocar una reacción distinta dentro de unos meses. Las palabras no habrán cambiado, pero probablemente tú sí.
Esa posibilidad me interesa bastante más que la idea de leerlo buscando una colección de conclusiones definitivas.
Y por eso tampoco pienso que haga falta compartir la fe de McConaughey, conocer toda su carrera o ser especialmente fan suyo para encontrar algo interesante dentro del libro. Puede tener sentido para cualquiera a quien le guste hacerse preguntas, escuchar una perspectiva diferente o revisar alguna cosa que daba por sentada.
Yo me acerco desde otro lugar. Me gusta muchísimo como actor, me interesa la persona que percibo detrás y quiero descubrir qué ocurre cuando es él mismo quien decide qué dejar por escrito.
Quizá lo que espero encontrar al entrar en su cabeza no sean respuestas, sino una forma distinta de mirar la vida que me ayude a encontrar un poco más de equilibrio dentro de la mía.
Imagen destacada: Matthew McConaughey. Foto: John Russo. Material de prensa facilitado por Crown.

Deja un comentario